A principios del siglo XX, el editor barcelonés Ramón de Montaner adquirió el valle de Santa Fe. Su ambicioso objetivo era construir un hotel de lujo, pero para ello necesitaba una fuente de energía. Así, en 1920, se inició la construcción del embalse. La obra, un hito de la ingeniería de la época, fue finalizada en 1935 y sirvió para generar electricidad, transformando un valle rural en un enclave turístico y natural de gran belleza. Hoy en día, el embalse es un testigo silencioso de este pasado, integrado perfectamente en el paisaje.
El recorrido más popular es una ruta circular de aproximadamente 3 km. Es un sendero de dificultad fácil, ideal para todas las edades y familias. La caminata, que dura entre 1 y 2 horas, te sumerge en un entorno natural exuberante. La ruta bordea el pantano, permitiendo vistas impresionantes desde diferentes ángulos, y te lleva a través de un denso bosque de hayas y abetos. Un punto destacado es el cruce por el puente de la antigua presa.
Es un camino bien señalizado y sin grandes desniveles, lo que lo hace perfecto para un paseo relajante, disfrutar de la tranquilidad y tomar fotografías del paisaje.
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